Según cuenta Scholem, los cabalistas consideraban que Dios estaba siempre a punto de destruir, el mundo, espantado por los extremos de la maldad humana. Si no lo hacía, si no lo ha hecho aún, es porque en cada generación hay exactamente 36 hombres justos que la salvan en secreto sin que nadie lo sepa, ni siquiera ellos mismos, que desde luego no se conocen entre sí ni llevan vidas de particular relieve. El heroísmo de los justos es tan sigiloso que apenas nadie lo advierte, pero su eficacia puede ser colosal, y la cadencia de sus actos puede establecer una frontera entre la humanidad y el infierno. Borges, en su poema, enumera un censo breve de los justos: quien cultiva un jardín, quien juega tranquilamente con un amigo al ajedrez, quien lee junto a la persona amada el final de la Divina Comedia, quien acaricia a un animal dormido, quien compone escrupulosamente la tipografía de una página, quien agradece que existan la música y los libros de R. L. Stevenson, quien prefiere que los demás tengan razón.
leer y compartir con los del grupo:
ResponderExcluirhttps://www.poeticous.com/borges/los-justos?locale=es
luego esto:
Según cuenta Scholem, los cabalistas consideraban que Dios estaba
siempre a punto de
destruir, el mundo, espantado por los extremos de la maldad humana. Si
no lo hacía, si no lo ha hecho aún, es porque en cada generación hay
exactamente 36 hombres justos que la salvan en secreto sin que nadie
lo sepa, ni siquiera ellos mismos, que desde luego no se conocen entre
sí ni llevan vidas de particular relieve. El heroísmo de los justos es
tan sigiloso que apenas nadie lo advierte, pero su eficacia puede ser
colosal, y la cadencia de sus actos puede establecer una frontera
entre la humanidad y el infierno. Borges, en su poema, enumera un
censo breve de los justos: quien cultiva un jardín, quien juega
tranquilamente con un amigo al ajedrez, quien lee junto a la persona
amada el final de la Divina Comedia, quien acaricia a un animal
dormido, quien compone escrupulosamente la tipografía de una página,
quien agradece que existan la música y los libros de R. L. Stevenson,
quien prefiere que los demás tengan razón.
luego ver Solaris Tarkovsky